miércoles, 10 de octubre de 2012

Hoy escojo vivir, ¿y tú?

Es famosa la frase “si algo puede salir mal, entonces saldrá mal”, muchas veces esta frase resulta ser cierta. Aunque no siempre algo sale mal, lo cierto es que siempre sucede algo que no teníamos esperado, ya sea algo bueno o malo, siempre hay algo que se escapa de nuestro control. Es ese temor a no poder controlarlo todo lo que hace que la mayoría de personas se rehúsen a tomar decisiones, prefieren delegar o dejar que otros decidan por ellos para no llevar el peso del fracaso, esas personas son las que dicen que harán algo cuando tenga el 100% de seguridad que todo saldrá bien.

El temor a lo desconocido no los deja moverse, no les permite ver más allá, el fracaso no es una opción, es algo prohibido, siempre quieren ser perfectos y si no tienen la seguridad del éxito prefieren no embarcarse en ninguna empresa. Cuando obtuve la beca para estudiar en Taiwán hubo personas que me dijeron que estaba loco por renunciar a un trabajo estable, que ellos solamente tomarían la decisión de viajar a Taiwán si les garantizaban un trabajo al final de la beca, me dijeron que a mi edad eso era una locura y que era algo sin futuro (era de 38 años al salir de Guatemala, no tenía negocio propio que me produjera dinero). Dijeron que podía estudiar en Guatemala, que podía obtener un mejor trabajo en Guatemala, que no era necesario salir del país. Esas y tantas otras cosas escuché en esos días.

También existe el problema de acomodarse a la vida que se lleva, iniciamos un proyecto, lo llevamos desde el inicio al final con mucho ahínco y cuando alcanzamos la meta después de mucho esfuerzo y trabajo, nos sentamos a descansar merecidamente. Lo malo es que nos gusta ese descanso y no nos levantamos, nos quedamos satisfechos y como si fuera lo último que haremos en nuestras vidas, ya no tenemos ganas y fuerzas para seguir con algo nuevo.

El tomar riesgos siempre conlleva la probabilidad de fracaso, pero también implica la probabilidad de éxito. Cada día debo tomar decisiones que me afectarán de una u otra manera. Hoy esas decisiones van desde permanecer en la misma empresa, cambiar de empresa, iniciar algo propio, cambiar el tipo de trabajo. Cada una de esas opciones implicará un fuerte cambio en mi vida, cada una tiene un gran potencial de éxito y un potencial de fracaso.  Sé que cualquier decisión que tome implicará cambios, pero no son los cambios los preocupantes, son las probabilidades. Debo sopesar cada una para tomar una decisión, la posibilidad de fracaso siempre estará presente, pero es esa misma posibilidad la que me obliga a trabajar para disminuir su valor, a esforzarme cada día un poco más, a aprender de mis errores, a corregir lo mal hecho, a aprender a pedir una disculpa, a aprender a pedir ayuda, a buscar más de Dios sabiendo que solo Él me fortalece.

Hace varios años estando en Guatemala, con mi familia tomamos un taxi para regresar a casa. El taxista me ve y me dice “usted se me hace conocido, creo que lo he visto antes”, sin pensar siquiera un segundo en la respuesta le dije “seguramente me ha visto antes, ¿usted ve telenovelas?”, ante tal comentario toda mi familia e incluso el mismo taxista soltaron una carcajada que duro un buen rato, luego le aclare al taxista que cuando yo regresaba en las noches de estudiar en ocasiones tomaba un taxi en ese mismo lugar y en una ocasión había viajado con él.

Recuerdo con mucho cariño a un amigo, que también fue uno de mis maestros en la iglesia siendo yo un niño. Un día dijo “la vida es como un desfile donde hay dos tipos de personas, los triunfadores van pasando y los que los ven pasar, ustedes deciden quienes quieren ser”. Esa frase me quedo grabada para siempre.

Hoy escojo vivir, ¿y tú?

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