sábado, 14 de marzo de 2015

Si tu pareja es de Taiwán, debes leer esto si vas a viajar a Estados Unidos

¿Qué harías si en el aeropuerto te dicen que no puedes viajar porque tu pasaporte no es válido?
Imagina que llegas con tus maletas listas llenas de regalos que llevas a amigos y familiares. Has comprado todos los boletos por Internet. Has planeado visitar a algunos amigos en los diferentes lugares donde harás escala. Te están esperando. Has reservado los hoteles.

Llegas con todas las ilusiones por el viaje y te topas con la noticia que no puedes viajar porque tu pasaporte no es válido para pasar por los Estados Unidos, aún no está vencido, se supone que no necesitas visa, es solo que tu pasaporte no es válido.

¿Qué harías? ¿Llorar? ¿Hacer un escándalo? ¿Regresar a casa y con todo el dolor que eso conlleve empezar a cancelar todas las reservaciones y avisar a tus amigos que no viajaras? ¿Quedarte en shock sin saber qué hacer? ¿Desmayarte?

En todos nuestros viajes no hemos tenido que pasar por los Estados Unidos, así que mi visa ha estado prácticamente sin usar por algún tiempo. El pasaporte donde está la visa ya se venció. Cuando viajo siempre llevo conmigo el viejo pasaporte y el nuevo como precaución por la visa y porque de esta forma al pasar por migración en cualquier aeropuerto, pueden ver mi historial de viaje.

Hace poco, Taiwán fue incluido en la lista de países cuyos ciudadanos no necesitan visa para viajar a los Estados Unidos. No deben pasar el largo y costoso proceso de solicitar la visa. Sin embargo lo que no se dijo en ese momento es que deben cambiar el pasaporte.

"¿Cambiar el pasaporte?" Se preguntaran ustedes. Si, deben cambiar sus pasaportes. Uno que contenga un chip en la portada del mismo.

¿Cómo lo sé? Bueno, porque durante nuestro más reciente viaje con mi esposa nos tocó pasar por esta aventura. Ella es taiwanesa.

Decidimos visitar Latinoamérica y como parte del viaje hacer escala en Estados Unidos, como mi visa se encuentra vigente y los taiwaneses no necesitan visa eso no sería problema. Al menos eso pensamos con mi esposa. Al llegar al aeropuerto nos topamos con esa sorpresa.

Hicimos el chequeo de maletas, nos dijeron que había un problema con el pasaporte de mi esposa, se tomaron su tiempo y al final nos dieron los pases de abordaje. Nos despedimos de un amigo que nos acompañó hasta el aeropuerto, pasamos migración y nos dirigimos a la puerta de abordaje. Al llegar a la puerta nos dicen que mi esposa no podía viajar, que yo no tenía ningún problema y que podía seguir.

¿Que qué hicimos? Bueno, ninguna de las opciones descritas anteriormente.
¿Mi reacción? Le dije al personal de la aerolínea que yo no viajaría sin mi esposa, "si ella no va, yo tampoco voy".

Mi esposa me vio con unos ojos que denotaban su tristeza, me pedía disculpas por no haber investigado anteriormente lo del pasaporte y porque no podríamos viajar a mi país a visitar a mi familia.  

Mi esposa me preguntó varias veces si yo estaba molesto, le dije que no lo estaba. No fue solo por darle ánimo, lo dije de corazón, no lo estaba. Algo dentro de mí me decía que se podría encontrar una solución. Dios siempre hablando a nuestros corazones dándonos paz en medio de la tormenta.

Nuestro vuelo era sábado a las siete de la mañana. Ninguna oficina estaba abierta. Parte del personal de la aerolínea simplemente nos dijeron que esperáramos hasta el lunes para aplicar al nuevo pasaporte y solicitar la aprobación vía Internet para viajar a Estados Unidos.

Mi esposa recordó haber leído en Internet sobre otras personas con la misma experiencia y con el celular buscó información, encontró que había una forma de solucionarlo. Primero, teníamos que cambiar nuestro vuelo, buscar uno que saliera el mismo día y que hubiera asientos disponibles. La aerolínea nos ayudó con esto. Había uno que saldría a la una de la tarde, tenía asientos y lo mejor, no nos cobraron por el cambio de boleto.

Segundo, la oficina de migración del aeropuerto podía extender un nuevo pasaporte, debíamos llevar dos fotos y pagar por el trámite. La oficina abría a las nueve y media de la mañana, eran las ocho.

Algo muy conveniente en Taiwán, hay máquinas de fotografías instantáneas donde se puede escoger el tamaño de las fotos de acuerdo al trámite que se deba realizar. Y si, en el aeropuerto hay una de esas máquinas. Ya con las fotos en mano, fuimos a desayunar. Mi esposa me preguntaba con cada paso que dábamos
-¿Crees que podamos viajar?
-Sí, lo creo.
-¿Cómo lo sabes?
-Porque lo creo por fe.

Llegamos a la oficina de migración, nos atendieron con mucha eficiencia y amabilidad. A las once y media mi esposa recibió su nuevo pasaporte.

Nos dirigimos nuevamente a hacer el chequeo para recibir nuestros pases de abordaje, mientras hacían dicho proceso, mi esposa aplicó por Internet para validar su pasaporte y poder pasar por Estados Unidos. Terminó justo a tiempo para mostrarle la pantalla de la computadora a la chica de la aerolínea que todo estaba en orden.

Finalmente pudimos salir de viaje, el único cambio en nuestro itinerario fue en el viaje hacia Los Ángeles. De diez horas que planeábamos pasar en la ciudad, estuvimos cinco. Pudimos vernos con la madre de una amiga y una de mis primas junto con su familia nos estaba esperando en el aeropuerto para comer juntos.

Si mantenemos la calma y confiamos en Dios, es posible buscar y encontrar soluciones.
A todos los que tienen pareja taiwanesa, les recomiendo actualizar sus pasaportes para que no pasen por lo mismo.


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