lunes, 22 de enero de 2018

Mi primera vez haciendo una presentación en chino ante más de 150 personas.

El día domingo 14 de enero de este año 2018, ha quedado grabado en mi memoria de forma muy especial. Tuve la oportunidad de hacer mi primera presentación en chino ante unas ciento cincuenta personas, todos profesionales, médicos, ingenieros, periodistas, maestros, maestros de empresas, etc.

Es una organización que se dedica a dar capacitaciones a nivel profesional al público. Los cursos no son baratos, pero puedo decir con toda sinceridad que vale la pena cada centavo invertido en participar.



Cuando se acerca el Año Nuevo Chino, las empresas suelen hacer reuniones especiales para sus empleados, siendo esta una empresa de capacitaciones, lo que hace es ofrecer a las personas que han tomado sus cursos la oportunidad de compartir con los demás sus experiencias y conocimientos.

Todos los asistentes son personas con experiencia y compartir delante de ellos es considerado un honor. Tanto así, que desde hace varios meses anunciaron sobre la reunión y el tema de la misma, indicaron que los interesados en compartir una presentación debían enviar por correo electrónico sus datos, tema específico y una pequeña introducción

Con mi esposa entre broma y broma comentamos la posibilidad de mi participación, a ambos nos parecía casi imposible que me aceptaran. Primero porque son tantos los que desean participar, que la posibilidad de ser seleccionado no es muy grande. Segundo, hay profesionales reconocidos en sus campos y compartir ante ellos no es fácil, muchos se ponen nerviosos. Tercero, siendo todos taiwaneses, se espera que la presentación sea en chino. Hasta el momento tengo experiencia en español e inglés, pero nunca en chino. Solo en clase ante ocho estudiantes, pero no al nivel de esta actividad. De hecho, al principio había pensado hacerlo en inglés.

Pasados dos meses más o menos, anunciaron los participantes. ¡Oh sorpresa! Mi nombre estaba entre los seleccionados. Con mi esposa nos dimos cuenta que el reto ya era inevitable, debía hacer la presentación y debía elegir si hacerlo en inglés, chino o una mezcla de los dos.


Cuando los taiwaneses deben hacer una presentación, es normal que se reúnan una o más veces para practicar. Preparan sus Power Point con anticipación y se dan comentarios entre ellos para ir afinando los detalles.

El tema de la actividad de este año era ELEGIR, cada uno de los participantes desarrolló su presentación en base a este tema central, unos hablaron sobre elegir trabajo, elegir la familia, elegir un estilo de vida, etc., todos temas muy interesantes y que tocaron el corazón de los asistentes. Más de uno derramó una lagrima al escuchar charla tras charla, muy motivadoras todas.

Mi tema se llamó “Como una seria de decisiones me trajeron a Taiwán”. Para ser honesto, empecé a preparar la presentación con dos semanas de anticipación. Tenia la idea, pero no había empezado. Quien parecía más preocupada que yo, era mi esposa.


Tenía razón de estarlo, todos tenían diferentes expectativas sobre mi presentación. Algunos pensaban que hablaría en inglés y estaban preocupados de no entender, otros preguntaban si hablaría español y mi esposa estaría traduciendo. Incluso los maestros de la empresa, preocupados, le encargaron a mi esposa que me ayudara a preparar.

No tengo el hábito de practicar una presentación, solo pienso lo que voy a decir y así salgo al escenario siempre. Sin embargo, esta vez gracias a la sugerencia de mi esposa, empecé a practicar. Sabía que era la oportunidad de evaluar mi nivel chino, si lograba manejar una audiencia de este nivel, si me entenderían lo que quería decir y los chistes que dijera (no puedo evitar hacer chistes al momento de estar dando una charla, me sale natural). En fin, una prueba en todo sentido de la palabra.

Durante una semana y media, mi esposa me ayudó a corregir las diapositivas, no porque estuvieran mal, la idea era reducir el tiempo de la charla. A entender lo que más le interesaría a la audiencia escuchar. Y por supuesto, el chino, juntos decidimos que hablaría en chino y debía aprender varias palabras nuevas, algunas de las cuales no había usado ni escuchado jamás. Para los que no lo sepan, si en chino dices una palabra con diferente entonación, es totalmente otra palabra con significado totalmente diferente.

Un día antes de la presentación aún estaba luchando por pronunciar correctamente algunas palabras. Se nos ocurrió como dinámica inicial, ya que los asistentes muy posiblemente no habían escuchado español nunca, hablaría en español al inicio y mi esposa estaría traduciendo, luego seguiría yo por mi cuenta.

Como cosa normal, estaba un poco nervioso antes de la presentación. Varios se acercaron a preguntarme en qué idioma hablaría, a todos les decía que aún no lo tenía decidido. Quería mantener el suspenso.


Uno tras otro vi pasar a los demás expositores, todos muy buenos, cada uno elevaba más alto el listón. Empecé a sentir la intensidad del reto, pero desde el inicio me puse en las manos de Dios pidiéndole su bendición.

Yo estaba programado a pasar a las tres y cuarto de la tarde. Llegada la hora, me anunciaron y subí al escenario. Tal y como lo habíamos hablado con mi esposa, hicimos la dinámica español-chino. “Si hablo español, solo tres personas me van a entender. Si hablo inglés, quizás la mitad me van a entender. Pero si hablo chino, debido a que no hablo bien, seguro que nadie me va a entender”. Eso rompió el hielo totalmente.

A partir de eso, empecé a hablar en chino con algunas palabras en inglés. Con la primera frase en chino, todos aplaudieron, eso me sorprendió.


Utilizando un lenguaje sencillo, quizás nivel A2, hablé durante unos diez minutos. Todos rieron con los chistes, los sarcasmos, las fotos, en un momento les hice preguntas y repartí unos pequeños premios. Todo salió mejor de lo que esperaban. La frase final la hice en inglés. 

Gracias a Dios a todos les gustó y al terminar, varios de los maestros se acercaron para felicitarme, creo que nunca me habían odio hablar durante tanto tiempo, ni en español ni en chino.

Fue una experiencia increíble que me ha dado confianza a seguir practicando el idioma.

Las oportunidades son para los valientes.
Toma una decisión hoy y tu mañana será totalmente diferente.





miércoles, 17 de enero de 2018

Tomando decisiones y a dónde nos llevan. Parte 3

 
… Si quería recibir la beca, debía presentarme por mis propios medios en la universidad (en Taiwán) a más tardar el 15 de septiembre de 2009. Era el mes de julio.



Dejando la empresa después de 15 años


Había recorrido un largo camino para llegar a este punto, muchas decisiones tomadas, renunciado a muchas cosas también. Por un momento pensé que era injusto que otros tuvieran la oportunidad de beneficiarse con el boleto a Taiwán incluido en sus becas mientras yo debía cubrir eso por mi cuenta.

Pero me di cuenta que eso era también una parte del reto, si en verdad tenía el sueño de ir a estudiar al extranjero, si en verdad quería ir a Taiwán, debía demostrarlo. Tenía que encontrar una solución. Entendí que eso era una prueba más.

Cuando dejé la empresa, hablé con mi jefe explicándole la situación, buscando su apoyo para que, de ser posible, recibir todas las prestaciones y ayudarme con eso para gastos de boleto, compras y dejar dinero a mi familia. Me dijo que no sería tan fácil debido al tiempo que quedaba pero que haría lo posible. Quede con la esperanza que todo se resolviera pronto y de la mejor forma.

Una semana después, me llamó a la oficina y me dijo que ya estaba todo arreglado, incluso me dijo la fecha que dejaría la empresa, para que prepara mis cosas y me despidiera de mis compañeros. Me asignó un trabajo antes de eso, quería que en base a la experiencia que tenía en la empresa, quince años, y ahora como ingeniero, hiciera un estudio técnico sobre los teléfonos públicos en Guatemala y elaborara una serie de recomendaciones para mejorar el rendimiento de los mismos. El objetivo era trazar el futuro de futuro de la telefonía pública de la empresa.



Durante dos semanas estuve investigando a nivel nacional e internacional con la ayuda de amigos viviendo en otros países sobre la presencia y uso de los teléfonos públicos, leyendo documentos de Internet, estudiando las estadísticas de la empresa, etc. Al final, presenté un reporte con una serie de recomendaciones justificándolas con estadísticas, gráficos, datos nacionales e internacionales, análisis de tendencias y riesgos. Cabe mencionar que, con los años, dichas recomendaciones fueron implementadas en su mayoría.

Mi jefe me felicitó por el reporte, lo presentó a sus superiores y el último día que estuve en la empresa me dijo que otra gerencia que había tenido acceso a mi reporte, lo había presentado como suyo ante las autoridades de la empresa y lo habían aceptado. Se habían robado la idea. Cosas que suelen pasar en las empresas.

El último día que fui a trabajar recuerdo tener emociones encontradas, era la última vez que vería ese lugar, los compañeros, los amigos y colegas de tantos años. Esa empresa me vio crecer durante 15 años y ahora todo se acababa. Me despedí de mis amigos y fue una emoción recibir sus felicitaciones por el valor de dejar todo e ir a otro país a estudiar.

Pero aun faltaba el boleto y la visa


Debido a que la beca era especial para egresados de la Universidad Nacional, una maestra de la facultad me preguntó “¿Por qué no preguntas si en la rectoría te pueden ayudar con el boleto?”. La idea me pareció lógica y como a este punto ya había entendido que lo peor que pudieran decirme era NO, me presenté en la oficina del rector con carta y papeles en mano para solicitar el apoyo con el boleto.

Recuerdo llegar y ser atendido por la secretaria, ella leyó mis papeles y me felicitó por la beca. Ella, una persona muy amable, me dijo que le daría la papelería al rector lo antes posible ya que estaba muy ocupado en esos días.

Como no podía esperar mucho tiempo, compré el boleto de avión con parte del dinero que me había dado la empresa, lo cual significaba menos dinero para dejarle a mi madre.

Por otra parte, era el problema de la visa. Fui a la Embajada de Taiwán en Guatemala con pasaporte en mano a solicitar la visa respectiva y me dijeron que si no tenía boleto de avión no me la podían dar. Les expliqué que, si no tenía visa de nada serviría que comprara el boleto de avión. Luego me dijeron que si iba a pasar por Estados Unidos también necesitaría visa para ese país. Volví a explicar que para solicita la visa estadounidense, lo mejor era demostrar que ya tenía la visa de Taiwán para demostrar que efectivamente iba en tránsito y no tenía intenciones de quedarme allí. Luego de más de una hora de explicaciones con manzanas y peras, me dijeron que me llamarían al siguiente día darme la visa. Burocracia.



Ya con la visa de Taiwán en el pasaporte, solicité la visa de tránsito para Estados Unidos. Recuerdo que ese día me hicieron una serie de preguntas básicas, “¿Tiene casa?, ¿Es casado?, ¿Posee vehículo?, ¿Tiene trabajo estable? ...”, fueron más de quince minutos de preguntas y a todo les di repuestas cortas y claras para no entrar en malentendidos. Al final, la pregunta “¿Por qué quiere ir a Estados Unidos?”, en lugar de decir lo que todos dicen, turismo, le dije “solo voy en tránsito a Taiwán, no quiero quedarme en Estados Unidos”. Creo que la persona no esperaba dicha respuesta.

En esa época todos los que van a Taiwán a estudiar solicitan visa estadounidense, así que parece que lo que le sorprendió fue que dijera que no quería quedarme allí, solo quería pasar en tránsito. Vio la papelería de la beca, pero como era un programa poco conocido, me dijo que no me podía dar la respuesta en ese momento, debía esperar una semana. El tiempo se acababa, no tenía boleto ni visa.

Tranquilamente le dije que no había problema, sabía que cualquier muestra de nerviosismo podría afectar el resultado. De hecho, pasar por Estados Unidos era el plan A, pero ya tenía un plan B, si no podía ir por Estados Unidos, iría vía México – Canadá. Ya lo había hablado con la empresa de viajes. Pero lo más barato y rápido era el plan A.

Una semana después, recibo una llamada telefónica de parte de la Embajada de Estados Unidos informándome que había sido aprobada mi visa, en lugar de una de tránsito, que era lo que había solicitado, me darían una visa válida por diez años. Lo cual significaba que podía permanecer en dicho país por hasta seis meses en cada visita si así lo deseara. Conocía a muchas personas que les habían negado varias veces la visa y a la primera intención, me daban una por diez años. ¡Qué bendición!

Debo confesar que ahora, casi a nueve años de tener la visa B1/B2, nunca he pasado más de unas horas en ese país, solamente he hecho tránsito. Por lo que estoy planeando visitar algunos amigos, familiares o simplemente hacer turismo en dicho país este año.

¿Y el boleto?


Como comenté anteriormente, ya había comprado el boleto. El día de mi partida se acercaba. Veía cada persona, cosa y lugar con nuevos ojos, pensando y preguntándome si algún día volvería a verlos. Varias llamadas a la universidad y siempre la misma respuesta, “el rector no ha visto su carta”.

Era un jueves por la mañana cuando recibí una llamada, era la secretaria del rector que me decía “el rector está ahora en la oficina, venga rápido y hable directamente con él, porque esta tarde estará muy ocupado y leerá su carta”. Le di las gracias y fui a casa de mi hermano a una calle de distancia, le dije lo que pasaba y en su auto nos fuimos rápidamente a la universidad. Llegamos justo a tiempo para ver al rector cuando se disponía dejar la oficina. Al verme, la secretaria brevemente me presentó con él y me preguntó “¿cómo puedo ayudarle?”



Le expliqué que había estudiado ingeniería, que la beca era especial para egresados de la universidad, le mostré todas las cartas de Taiwán y Guatemala. Me vio fijamente, se sonrió y me extendió la mano diciendo “¡Lo felicito! ¿Dónde firmo para que le ayuden con el boleto?”. ¡Qué sorpresa! No hubo ningún problema, solamente felicitación y apoyo. “Pedid y se os dará …”

El dinero me lo darían en quince días, era jueves y yo me iba el sábado, en dos días.

Dejé firmadas las cartas necesarias para que le dieran el dinero a mi madre.

Salí de Guatemala lleno de ilusiones y sueños, dispuesto a dar lo mejor de mi en esta nueva aventura. Había estudiado inglés por un año de forma intensiva todos los días por la noche después de salir del trabajo durante un año. Regresaba a casa después de las diez de la noche. ¿Había mencionado que nunca tuve auto en Guatemala? Siempre me movilicé en transporte público.

La parte más difícil 


Dejar la empresa después de quince años no fue tan difícil como decirle adiós a mi familia, sin saber si los volvería a ver, a estrechar sus manos o volverlos a abrazar. Esa fue la parte más difícil de todas para mí. Todos esos años de sacrificio no eran nada comparados con las emociones de ese último día, esa mañana, esa hora en el aeropuerto de Guatemala.

Mi padre falleció cuando yo tenía diez años, varios años después mi madre volvió a casarse, él siendo ya mayor y con su propia historia a cuestas, se supo ganar mi respeto y cariño, siempre me apoyó y aconsejo, fue la figura paterna que necesitaba en mis años de juventud. Antes de mi partida, se acercó a mi y me dijo, "Fernando, yo sé que está emocionado y confundido por este viaje. Aunque usted no lo diga, yo lo sé". Me conocía muy bien, luego me dijo algo que no olvidaré jamás "Vaya y vida su vida, porque yo ya viví la mía".

Ese día en el aeropuerto, fue la última vez que nos vimos de frente. Falleció estando yo en Taiwán.



Iba a un país lejano, literalmente hablando, con otra cultura, otro idioma, otras costumbres y otras comidas. Había estudiado inglés, un poco de chino, leído sobre la cultura. Tenia ya treinta y ocho años e iba a otro país a empezar de cero una nueva vida.

Tanto la universidad como Taiwán mismo fueron una serie de sorpresas.
¿Qué decisiones tuve que tomar en Taiwán que me llevaron a este día?

Nos vemos en la parte 4 …