miércoles, 19 de junio de 2013

¿Chocolate? Lo recibo educadamente. Pero no me gusta.

Tengo entendido que el chocolate es uno de los productos de mayor demanda en el mundo, famoso por su sabor y aroma, por las combinaciones que hacen de él y la presentación de los empaques. Algunos países son reconocidos internacionalmente por la calidad de su chocolate.

El chocolate es utilizado como energético, como afrodisiaco, como obsequio, para romper el hielo en una situación o simplemente para pedir disculpas por algo. En mi familia todos consumen chocolate, recuerdo cuando yo era un niño y mi padre regresaba a casa después de trabajar y de la mochila sacaba chocolates para todos.

Algunas personas que dicen que el chocolate les provoca migraña, pero caen en la tentación de comerlo. He escuchado a personas que dicen que no les gusta el chocolate, pero que lo toleran en alguna de sus presentaciones. Otros no lo comen porque les hace daño debido a problemas de salud.

Sin embargo, hasta la fecha no he conocido a alguien que definitiva y absolutamente no le guste el chocolate. La única persona que conozco así es la persona que veo todos los días en el espejo. Es cierto, NO ME GUSTA EL CHOCOLATE. Nunca me ha gustado.

Siendo un niño, yo veía a todos en casa comer chocolate y como todo niño, también quería participar del festín. Tomaba los chocolates y empezaba a comerlos, sin embargo casi al instante el sabor me resultaba desagradable, debía ir a escupirlo y lavarme la boca. Me daba asco.

Al principio creí que era por determinada marca el problema y traté de comer chocolate de otras marcas, pero con el mismo resultado. Pero no era solo el sabor, el olor me daba nausea y dolor de cabeza, era como si me dieran un golpe en el cráneo y me veía obligado a cubrirme la nariz para protegerme.

Cada vez que iba a un cumpleaños iba con el temor, casi siempre con razón, que el pastel fuera de chocolate, en más de una ocasión termine comiendo solamente pan con refresco en la fiesta. En una ocasión para mi cumpleaños, los compañeros y compañeras de oficina me ofrecieron un pastel, resultó que era precisamente un pastel de chocolate. Un tipo llevándosela de gracioso le dijo a la chica organizadora que mi pastel favorito era el de chocolate, por lo que decidieron comprarlo. Mientras el tipo se caía de la risa en la silla, la chica no sabía dónde poner la cara de vergüenza por haber sido objeto de la broma de ese compañero. Por cierto, ese día no comí pastel en mi propio cumpleaños.

Recuerdo una ocasión que estando en la universidad mientras tomaba una clase a las 6:00 pm sentí un olor totalmente desagradable, sentí asco y dolor de cabeza. Al voltear, en el escritorio cercano al mío había un compañero comiendo un gran chocolate. Al verme se sonrío y me dijo que no había tenido tiempo de cenar. Yo que sabía muy bien que en ocasiones no había tiempo para comer con tal de no perderse una clase, le dije “no hay problema, buen provecho”.  Al darme la vuelta saque mi pañuelo y me cubrí la nariz para no sentir tan fuerte el olor.

Una vez, siendo yo de aproximadamente 30 años, mi madre me ofreció una bebida, al preguntarle que era me dijo “es de cereales, tómatelo”, sin embargo el olor me pareció raro y le dije no me gustaba. Resulto que la bebida tenía cacao, no era el olor clásico de chocolate, sin embargo el olor no me gustó.

- “Sí sabes que no me gusta el chocolate ¿Por qué me das esta bebida?”, le pregunté
-“Para verificar si en verdad no te gusta el chocolate”, me dijo
-“¿O sea que después de todos estos años aún no me crees que no me gusta el chocolate?”
-“Solo quería estar segura”, me dijo con una sonrisa

Cada vez que me regalaban chocolates, educadamente los aceptaba y al llegar a casa se los daba a mi madre. Ahora cuando me regalan chocolates, los sigo aceptando pero se los doy a mi esposa. Incluso cuando voy a otro país, compro chocolates para ella porque sé que le encantan.

He leído que alrededor del 4% de la población no le gusta el chocolate, pero no sé qué porcentaje tendrá la misma aversión que yo hacia el chocolate.

domingo, 9 de junio de 2013

Trabajando en Taiwán 8. La jornada de trabajo y el tiempo extra.

La hora de salida es sagrada para la mayoría de trabajadores, no solo porque indica el momento en que se deja de trabajar sino para otros significa el inicio del tiempo extra, o sea, más dinero.

Los países asiáticos son famosos por sus largas jornadas de trabajo, donde la mayoría de las veces eso no se ve reflejado en más dinero, culturalmente los empleados lo aceptan como algo normal, se quedan trabajando más tiempo del “oficial” para no dar la impresión de haraganes ante los ojos del jefe. Aquí el dar una mala impresión es lo peor que se puede hacer.

Cuando los taiwaneses experimentan lo que es trabajar en países occidentales, regresan contando historias que cinco minutos después de la hora de salida, ellos eran los únicos en la oficina, al escuchar este tipo de conducta muchos se sorprenden o no lo creen.

Todo esto ha creado el mito que en Asia, en este caso Taiwán, se trabajan jornadas de 12 horas o más, lo cual es cierto en algunas empresas. Hubo una empresa que me ofreció trabajo con jornada de 8 am a 8 pm y además me darían celular para que los clientes de Latinoamérica me pudieran llamar a cualquier hora, o sea, disponible las 24 horas.  Cuando les dije que por la diferencia de hora con Latinoamérica no sería necesario trabajar hasta las 8 pm, me dijeron que entonces podría estar de 5 am a 5 pm. Las 12 horas de oficina eran fijas.

Sin embargo es un mito creer que esa es la cultura normal en Taiwán. Quizás sea cierto solamente en las ciudades principales (que no son más de 5 o 6) o en el norte de la isla donde está la ciudad capital.

Vivo en una ciudad pequeña en el centro de la isla, en la empresa donde trabajo se producen máquinas textiles y tenemos clientes en todo el mundo, siendo como la mayoría de empresas en el país, una empresa familiar. En ésta región y hacia el sur del país la hora de salida es tan sagrada como en occidente.

Cinco minutos después de la hora de salida, las luces del área de producción están apagadas y no se ve a nadie en el área. El personal de oficina quizás sale cinco o diez minutos más tarde, pero igual nadie se queda a menos que tenga algo urgente que terminar. Prácticamente siento como si estuviera en Latinoamérica donde todos están listos para salir cinco minutos antes de la hora o antes.

A la hora del almuerzo es la misma historia, cinco minutos antes, muchos inician la rutina de ir a lavarse las manos y esperar tranquilamente que el reloj de las 12 para ir a almorzar.

Le comenté a uno de los supervisores y algunos compañeros de oficina que yo había escuchado historias que en Taiwán se trabajaban jornadas largas y me dijo “¿Por qué alguien se quedaría más tiempo si no le pagan tiempo extra?, nadie haría eso”.  

Otros amigos que trabajan en ciudades sureñas me han contado historias similares, nadie trabaja tiempo extra de gratis, todos sales a la hora oficial que termina la jornada.

Conozco también a un taiwanés que fue a trabajar a una de éstas ciudades, lo escuche comentar que se sorprendió que no tuviera que trabajar después de las seis de la tarde y dijo sentirse aburrido por no tener que trabajar más tarde. Claro que ahora ha cambiado su punto de vista.

¿Son empresas que venden sus productos a nivel internacional? Sí.
Pero no se trabaja tiempo extra a menos que sea remunerado. Aquí se rompió el mito.