lunes, 21 de septiembre de 2020

Tomando decisiones y a dónde nos llevan. Parte 4


Viene de
Tomando decisiones y a dónde nos llevan. Parte 3

Tanto la universidad como Taiwán mismo fueron una serie de sorpresas.
¿Qué decisiones tuve que tomar en Taiwán que me llevaron a este día?

Llegando a Taiwán

He escrito sobre mi llegada a Taiwán en otros artículos, pero si no los has leído, te comento la historia de ese primer día.
 
Debido a que llegué con un programa diferente al de la mayoría, de hecho, de ese programa yo era el único de Guatemala en llegar ese año, en el aeropuerto no había comitiva de la embajada esperando mi llegada. Sin embargo, estaban tres amigos esperándome. Nos habíamos conocido en Guatemala y uno por uno fuimos llegando a Taiwán, yo fui el último en llegar y el más viejo del grupo.



Fue grato ver rostros conocidos en el aeropuerto, daba un toque de casa lejos de casa. Al llegar a la ciudad de destino, solo bajar del autobús sentí un olor fuerte y extraño en el ambiente. Les pregunté a mis amigos qué era ese olor y me dijeron que ellos no sentían nada. Yo juraba que había un olor fuerte y desagradable para mí y ellos insistían en lo contrario. Con el tiempo supe el motivo del olor, aunque aún lo siento, creo que ya me he acostumbrado a su existencia, pero prefiero evitarlo cuando puedo. 
 
A pesar de que tenía ya reservado el dormitorio en las instalaciones de la universidad, debido a que llegamos a la media noche, dejamos el chequeo para la mañana siguiente. ¿Dónde dormí? En el dormitorio de mis amigos, ellos eran estudiantes de licenciatura y yo iba a estudiar maestría, su edificio estaba al lado de donde estaba mi dormitorio.  
 
Ellos me ayudaron a hacer los trámites de registro en el dormitorio, inscripción, abrir una cuenta de banco y otros papeleos. De no haber sido por su ayuda, hubiera tardado varios días para hacerlo, ellos ya hablaban chino y yo apenas podía articular algunas palabras. Había estudiado inglés, pero me faltaba fluidez. Había empezado mi vida en otro idioma. Lejos estaban ya los días de hacer trámites en español.


El dormitorio de la universidad

Las habitaciones de estudiantes de licenciatura y maestría eran similares en que ambos eran para cuatro estudiantes. Cada uno tenía un armario, un escritorio, una silla y una cama. La cama se encontraba arriba del armario y el escritorio. Dos estudiantes al lado izquierdo y dos al lado derecho con espacio de área común en el centro. La diferencia era que los dormitorios para estudiantes de licenciatura tenían el baño compartido con otro dormitorio. El de estudiantes de maestría, cada habitación contaba con baño privado. 
 


Me tocó compartir la habitación con un estudiante de Australia y uno de Bolivia, otro latino que también había llegado a estudiar la misma maestría que yo. Conocí a varios que preferían vivir fuera de la universidad. Unos preferían su privacidad, otros porque querían tener cocina, algunos otros para tener libertad de hacer fiestas en casa.


El primer día de clases

Yo tenía 38 años y cuando todos se estaban presentando el primer día, en inglés, escuchaba que el grupo tenía en promedio 28-30 años. Solamente había dos que eran de mi edad o un año mayor, una chica de Vietnam y un chico de Taiwán. Ambos con gran experiencia de trabajo.
 
Ese primer día, mientras escuchaba a todos presentarse en inglés, un frío corrió por mi espalda, estaba nervioso de hablar inglés antes todos, no era lo mismo hablar en clase de inglés allá en Guatemala, donde todos teníamos el mismo nivel. Ahora todos ya hablaban el idioma con fluidez y no eran unos principiantes como yo. Algunos incluso tenían experiencia de trabajo a nivel internacional. Así que iba escuchando lo que decían, para seguir la misma estructura y practicando lo que diría en mis adentros.


Las primeras semanas de clases

Se ha dicho que los asiáticos se parecen entre sí. Para el ojo no entrenado quizás sea verdad, al menos así fue como lo viví. No reconocía a mis compañeros entre todos los estudiantes en la universidad. Varias veces me saludaron y respondí al saludo sin estar seguro quien me saludaba. Ahora ya puedo decir con toda certeza que no se parecen. Es un hecho científico que nuestro cerebro los confunde por no estar acostumbrado a ver rostros asiáticos.
 
El programa de la maestría era en inglés, podíamos tomar clases de chino si estas no se cruzaban con nuestras clases. El inglés fue otra historia. Había estudiado inglés en Guatemala de forma intensiva durante 13 meses antes de venir a Taiwán. Había tomado el examen Toefl y el punteo obtenido era suficiente para ser aprobado por la universidad para el programa de maestría. Pero no es lo mismo escuchar inglés en clase, con personas que también estudian el idioma a escuchar una clase de mercadotecnia, procesos, contabilidad y otras totalmente en inglés.
 
Los libros estaban en inglés, las tareas, los exámenes, todo en inglés. Me di cuenta que varios temas ya los había estudiado en la universidad en Guatemala, pero en español. Así que pasé las primeras semanas en la biblioteca con el traductor de Google, leyendo los libros y las tareas. Estaba cumpliendo mi sueño de estar en Taiwán, me había preparado para esto y no iba a dejar que esto me detuviera. 
 


Poco a poco fui mejorando en inglés y a solo dos meses de clases, ya estaba haciendo presentaciones en clase, hablando en público y haciendo amigos de otros países. Incluso mis compañeros no creían que apenas había estudiado inglés un año antes. Gracias a Dios.




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