viernes, 26 de octubre de 2012

El tigre, mi animal favorito.


Cuando a alguien se le pregunta sobre su animal favorito, escuchamos respuestas tan variadas que van desde los pequeños como ratones hasta los grandes como leones. Muchos lectores de la Biblia que conozco me han comentado su preferencia por el águila debido al carácter que estas representan en la Biblia. Otros optan por el león por su representación de gobernante de la selva. Cada uno tiene sus propias preferencias.

En cuando a mascota, yo prefiero un perro 100% seguro. Pero si de animal favorito se trata, puedo decir que admiro a los tigres sobre los demás. Me encanta su carácter regio, independiente, casi mágico por así decirlo. Me encantaba ver los documentales en televisión.

Hace muchos años recuerdo haber visto una presentación en PowerPoint sobre un lugar llamado el Templo de los Tigres, donde monjes cuidaban de crías de tigres que habían quedado huérfanos debido a los cazadores, era una secuencia de fotografías donde se veía a los tigres y los monjes interactuar, indicaba que el lugar se había vuelto tan famoso que llegaban turistas de todo el mundo a ver a los tigres y tomarse fotografías con ellos. Quede impresionado y por mi mente pasaba la ilusión de algún día visitar dicho lugar y poder ver a los tigres por mí mismo. Casi 15 años de eso.

Pasados un poco más de 10 años, durante las vacaciones de invierno en Taiwán, unos amigos me convencieron de ir de viaje con ellos a Tailandia. Durante el viaje visite varios sitios impresionantes, pero cuando faltaban un par de días para regresar a Taiwán se nos ocurrió salir a caminar por la ciudad, precisamente al área donde habían agencias de viajes para preguntar que había paquetes de un día nos ofrecían ya que aún nos quedaba un poco de dinero después de 15 días de aventuras por aquel país. No poca fue mi sorpresa cuando que veo en la lista un paquete que incluía el mercado flotante de Bangkok, el puente sobre el río Kwai y el Templo de los Tigres. Mis ojos se abrieron y de inmediato pregunte por el precio. Tenía conocimiento de los tres lugares y no me recordaba que todos eran en Tailandia.

Mis amigos no entendían muy bien de que se trataban esos lugares, pero al ver mi emoción decidieron acompañarme en el tour al día siguiente. No falta decir que todos quedamos muy satisfechos con la visita a los tres lugares. Pude hacer realidad el sueño de visitar el lugar que solo había visto en una presentación de PowerPoint y que dudaba que en verdad existiera.  Uno de mis amigos estaba más temeroso que sus padres lo  regañaran por estar tan cerca de un animal salvaje que de los mismos tigres. Con todo, los tres quedamos impresionados por los tigres. Nuestras familias se alegraron de ver donde andábamos y de que habíamos salido vivos de ahí.



No fue mi última vez con un tigre, en Filipinas con otros amigos fuimos a un parque donde también podíamos tomarnos fotos con un tigre, pero esta vez era un tigre blanco. Varios se tomaron la foto en grupo para que les saliera más barato, yo opté por tomarme la foto solo con el tigre aunque tuviera que pagar un poco más. Luego me dijeron que la foto había salido borrosa y que era necesario volver a tomarla. Pedí que me dieran las dos fotos. Mis amigos se sorprendieron al verme entrar nuevamente al recinto a tomarme otra foto con el tigre.


Cuando el padre de mi novia se enteró que me gustan los tigres ofreció regalarnos un tapete para colocar en la pared con la imagen un tigre, que perteneció a su esposa. Definitivamente un gran regalo.

¿cuál es tu animal favorito?



miércoles, 24 de octubre de 2012

Se habla de cambio, pero el dinosaurio sigue ahi.

Son muchas las personas que hablan de hacer cambios, se habla de cambios de conducta, cambios de fuentes y formas de energía, cambios de estrategias, cambios de políticas, cambio de autos, en fin, el cambio está en la mayoría de discursos y artículos como algo bueno, como la búsqueda de mejores condiciones de vida, como parte del crecimiento como personas.

Sin embargo la mayoría de las veces solamente se habla del cambio y no se realiza nada, en vez de hacer solamente se dice. Lo único que han cambiado las personas es el discurso y en algunos casos solamente las palabras pero el discurso se mantiene.

La triste verdad es que la mayoría de personas le temen al cambio, lo novedoso atrae pero asusta. Las personas que nos hablan de cambios en sus discursos panfletarios son los mismos que han estado ahí desde hace muchos años. Los políticos que hablan de cambios tienen varios años ocupando puestos en el estado sin haber dejado un legado digno de tan larga carrera. Los predicadores de cualquier religión hablan de cambios pero se niegan a adaptar sus doctrinas al siglo XXI. Razón tenía Monterroso,  el dinosaurio todavía esta ahí.

Por definición el cambio significa remplazo, permuta o sustitución. Es decir, algo debe ser eliminado o mejorado. Si algo no puede ser mejorado, debe por ende ser desechado por algo mejor. Lo mismo aplica a las personas, debemos mantenernos actualizados, dispuestos a aprender sin importar la edad o la experiencia que tengamos. Si queremos mantenernos vigentes como personas debemos renovar nuestras ideas, pero renovar las ideas también significa que debemos aprender a desaprender.

¿Desaprender? Si, desaprender. Hace varios siglos se creía que la tierra era plana, se desaprendió esta idea y se remplazo por la redondez de la tierra. Cuando el automóvil hacia su aparición en el mundo, algunos decían que el cuerpo humano no estaba hecho para soportar velocidades mayores a 30 ó 40 km por hora, hace unos días Félix Baumgartner rompió la barrera del sonido en caída libre. (Barrera del sonido = 1,234.8 km/h, velocidad de Félix Baumgartner = 1,342 km/h) Si bien utilizó un traje especial, probó que era posible de hacerse.

Cada día hay nueva información, nuevas tecnologías, nuevos mercados se abren, pero si no estamos listos para cambiar, entonces seremos obsoletos. Creemos que por tener muchos años de experiencia seremos apreciados, pero no pensamos que la experiencia si no se acompaña de un poco de innovación se convierte en historia y no en actualidad. Depende de nosotros el querer ser parte de la historia antigua como un museo viviente o ser parte constructora de la historia actual.

En mis años de trabajo he visto mucha gente que no quiso aprender a operar nuevas máquinas,  diciendo “las que tenemos funcionan bien, no veo porque debemos cambiar”. No se trata de si funcionan bien o mal, las nuevas eran más rápidas, más eficientes. Al final las máquinas fueron remplazadas y también las personas.

Seamos humildes para reconocer lo que no sabemos y seamos diligentes para aprender. Humildad no es humillación, es el primer paso para mejorar.
 

viernes, 19 de octubre de 2012

Trabajando en Taiwán 2. La hora de la siesta.


Muchas empresas a nivel mundial exigen a sus trabajadores que laboren tiempo extra. En ocasiones con paga y otras sin paga de acuerdo al arreglo que exista entre patrono y empleado. La mayoría es sin paga.

En países asiáticos, las empresas tienen jornadas largas de trabajo, al punto que se han dado muchos casos de Ingenerios que mueren de cansancio. Taiwán no es la excepción. Muchas empresas se caracterizan por sus jornadas largas, se anuncian empleos con horarios de 8:00 am a 5:00 pm, pero en verdad la jornada va terminando entre 7:00 pm a 9:00 pm.

Si has empezado a considerar que trabajar de esta forma es una barbarie, voy a contarte algo que va a contrastar con lo anterior.

En medio de toda esta cultura de trabajar como máquinas, existe una costumbre curiosa. Durante la hora de almuerzo, los empleados se toman de 10 a 15 minutos para tomar los alimentos y luego de eso van a dormir de 30 a 45 minutos. Si, a dormir.  La empresa tiene áreas especiales donde los empleados pueden tomar la siesta, con habitaciones con piso de madera, con gavinetes para guardar almohadas y cobijas. Algunos otros duermen en sus escritorios y hasta tiene almohadas guardadas para utilizar a esa hora.

Mi primer día de trabajo, a la hora del almuerzo, me mostraron el área de comedor y las estanterias de platos y palillos. Al terminar de almorzar, me dijo la supervisora “aquí puedes tomar tu siesta”, mi expresión debe haber hablado por si sola ya que de inmediato me preguntó “¿tú no tomas siesta después de almuerzo?”, le explique que no y le pareció extraño, me dijo que todos tomaban siesta después de almuerzo al menos por 15 minutos.

Es tan religiosamente respetado el tiempo de siesta, que durante esa hora se apagan las luces, nadie hace ruido, las cortinas se bajan, hay más ruido en una iglesia o en una biblioteca que en la oficina. He oido que en España la hora de la siesta es cosa normal. Al menos en Guatemala no tenemos esa costumbre, algunas personas duermen pero por elección propia, en cambio en Taiwán es una costumbre.  

Para aprovechar ese ambiente de tranquilidad, suelo llevar un libro en mi mochila, mientras los demás duermen me voy a una sala de reuniones donde me dedico tranquilamente a la lectura.

Si alguna vez llamas por teléfono a una oficina Taiwanesa a la hora del almuerzo, lo más probable es que despiertes a más de una persona.
  

domingo, 14 de octubre de 2012

Trabajando en Taiwán 1. El trato con los superiores

En toda cultura el trato personal tiene su etiqueta. En una empresa se les trata con mayor reverencia o respeto a las personas que tienen una posición más alta dentro de la jerarquía. Hoy les contare de la forma de tratar a los superiores dentro de una empresa taiwanesa en base a mi experiencia de estar trabajando en Taiwán.

En Guatemala cuando llamamos a un Gerente le llamamos “Ingeniero”, “Licenciado” ó “Doctor” junto con el nombre o el apellido del mismo. La forma de tratarlo es de “usted”. Según el grado de confianza llegamos a llamarlos solo por su nombre y le hablamos de “vos”, en algunos países se utiliza “tú”.  Cuando llegamos a una venta de comida por ejemplo, les decimos “Señor” o “Señora” a los dueños o personas que estén laborando en dicho negocio.

En Guatemala conocí ciertos Gerentes que cuando se presentaban decían primero su título y luego el nombre o apellido. Por ejemplo cuando alguien les preguntaba su nombre, respondían “Ingeniero xxxxx”, llegando al punto de molestarse si no les decían “Ingeniero”, hasta rechazar firmar un documento que no indicara el título.

En Taiwán sin embargo, la etiqueta del trato personal es diferente y especial. Se acostumbra a llamar a las personas de alta posición dentro de la empresa no por su grado académico ni por su nombre o apellido, sino por el puesto que ocupan. Por ejemplo al Gerente General se le llama 總經理 (Zǒng Jīnglǐ) que efectivamente significa Gerente General. Al Sub Gerente, 副總 (Fù Zǒng) que literalmente significa Vicepresidente. Cuando vamos a una venta de comida, al dueño se le llama 老板 (Lǎobǎn) que significa “jefe” ó “patrón”, sin importar si es hombre o mujer.

Esto no me fue fácil de entender, pasé un par de meses creyendo que el nombre en chino del Subgerente era Fu Zong, escuchaba que todos mis compañeros le decían así, sin embargo yo le llamaba y le sigo llamando por su nombre en inglés. Solo cuando hablo en chino le llamo por el titulo y no por el nombre.

La cultura en Taiwán da mucha importancia al grado académico de las personas, de hecho en la vida diaria según el grado escolar que se tenga mejor es el trato que se recibe. Sin embargo dentro de una empresa la situación cambia, la persona que tiene un rango más alto es vista como alguien especial, de hecho el respeto no viene por la persona sino por la posición

Es tal el respeto que se tiene, que durante la cena de Año Nuevo Chino organizada por la empresa, estábamos todos ocupando asientos en las diferentes mesas cuando 副總 (Fù Zǒng) le dijo de forma casual a una chica “siéntese en esta mesa”, la chica que iba acompañada de otras amigas se quedó paralizada a medio pasillo no sabiendo que hacer, las demás se quedaron igual de asustadas pues querían sentarse juntas. Pasados dos largos minutos, la chica se animó a preguntarle si se podía sentar con sus amigas a lo cual副總 (Fù Zǒng) le dijo que no había problema.

Para un latino interesado en hacer negocios o buscar trabajo en una empresa Taiwanesa, le recomiendo que se familiarice con la cultura empresarial primero. Lastimosamente en las universidades no nos enseñan estos detalles que aunque pequeños son esenciales para la buena relación en el trabajo.

Seguiré contando sobre lo especial de la cultura de trabajo en Taiwán en otros artículos.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Hoy escojo vivir, ¿y tú?

Es famosa la frase “si algo puede salir mal, entonces saldrá mal”, muchas veces esta frase resulta ser cierta. Aunque no siempre algo sale mal, lo cierto es que siempre sucede algo que no teníamos esperado, ya sea algo bueno o malo, siempre hay algo que se escapa de nuestro control. Es ese temor a no poder controlarlo todo lo que hace que la mayoría de personas se rehúsen a tomar decisiones, prefieren delegar o dejar que otros decidan por ellos para no llevar el peso del fracaso, esas personas son las que dicen que harán algo cuando tenga el 100% de seguridad que todo saldrá bien.

El temor a lo desconocido no los deja moverse, no les permite ver más allá, el fracaso no es una opción, es algo prohibido, siempre quieren ser perfectos y si no tienen la seguridad del éxito prefieren no embarcarse en ninguna empresa. Cuando obtuve la beca para estudiar en Taiwán hubo personas que me dijeron que estaba loco por renunciar a un trabajo estable, que ellos solamente tomarían la decisión de viajar a Taiwán si les garantizaban un trabajo al final de la beca, me dijeron que a mi edad eso era una locura y que era algo sin futuro (era de 38 años al salir de Guatemala, no tenía negocio propio que me produjera dinero). Dijeron que podía estudiar en Guatemala, que podía obtener un mejor trabajo en Guatemala, que no era necesario salir del país. Esas y tantas otras cosas escuché en esos días.

También existe el problema de acomodarse a la vida que se lleva, iniciamos un proyecto, lo llevamos desde el inicio al final con mucho ahínco y cuando alcanzamos la meta después de mucho esfuerzo y trabajo, nos sentamos a descansar merecidamente. Lo malo es que nos gusta ese descanso y no nos levantamos, nos quedamos satisfechos y como si fuera lo último que haremos en nuestras vidas, ya no tenemos ganas y fuerzas para seguir con algo nuevo.

El tomar riesgos siempre conlleva la probabilidad de fracaso, pero también implica la probabilidad de éxito. Cada día debo tomar decisiones que me afectarán de una u otra manera. Hoy esas decisiones van desde permanecer en la misma empresa, cambiar de empresa, iniciar algo propio, cambiar el tipo de trabajo. Cada una de esas opciones implicará un fuerte cambio en mi vida, cada una tiene un gran potencial de éxito y un potencial de fracaso.  Sé que cualquier decisión que tome implicará cambios, pero no son los cambios los preocupantes, son las probabilidades. Debo sopesar cada una para tomar una decisión, la posibilidad de fracaso siempre estará presente, pero es esa misma posibilidad la que me obliga a trabajar para disminuir su valor, a esforzarme cada día un poco más, a aprender de mis errores, a corregir lo mal hecho, a aprender a pedir una disculpa, a aprender a pedir ayuda, a buscar más de Dios sabiendo que solo Él me fortalece.

Hace varios años estando en Guatemala, con mi familia tomamos un taxi para regresar a casa. El taxista me ve y me dice “usted se me hace conocido, creo que lo he visto antes”, sin pensar siquiera un segundo en la respuesta le dije “seguramente me ha visto antes, ¿usted ve telenovelas?”, ante tal comentario toda mi familia e incluso el mismo taxista soltaron una carcajada que duro un buen rato, luego le aclare al taxista que cuando yo regresaba en las noches de estudiar en ocasiones tomaba un taxi en ese mismo lugar y en una ocasión había viajado con él.

Recuerdo con mucho cariño a un amigo, que también fue uno de mis maestros en la iglesia siendo yo un niño. Un día dijo “la vida es como un desfile donde hay dos tipos de personas, los triunfadores van pasando y los que los ven pasar, ustedes deciden quienes quieren ser”. Esa frase me quedo grabada para siempre.

Hoy escojo vivir, ¿y tú?