miércoles, 26 de septiembre de 2012

¡La discriminación existe en todas partes!

La discriminación en Taiwán no es algo nuevo, la sociedad niega su existencia, el gobierno asegura que son casos aislados e incluso algunos extranjeros han llegado a creer que solo sucede en pueblos remotos.

Ejemplos de discriminación son muchos, como la forma de trato de acuerdo al nivel educativo de las personas; maestros de inglés rubios son aceptados más fácilmente por los centros de idiomas y por los padres de los niños; comunidades o grupos de personas han marginado a inmigrantes por su color de piel, cultura o religión; inmigrantes de algunos países vecinos que vienen a realizar trabajos domésticos son vistos como personas de baja categoría; a algunas nacionalidades los ven como borrachos, mujeriegos, que trabajan lento; en las universidades y el trabajo no se reúnen mucho con extranjeros y prefieren salir solo ellos; sonríen y por dentro están pensando la forma de sacar ventaja del extranjero; estos son solo algunos ejemplos y cada persona podría enumerar aún más.

Pero, ¿en verdad pasa esto en Taiwán? se supone que en Taiwán se recibe al extranjero con los brazos abiertos, que la gente es amable, amigable, muy abierta ¿Cómo es posible?

La respuesta es SI, en Taiwán suceden todas estas cosas y aun más. Recientes noticias comentan estos casos y muchos extranjeros se han manifestado en Facebook, Twitter, algunos otros han hecho una manifestación pública. Los comentarios hablan de las cosas que los taiwaneses hacen que resultan ofensivas y desagradables para los extranjeros, se ha iniciado el tira y empuja de comentarios.

Lo que me ha llamado la atención es que como extranjeros nos damos cuenta de esas noticias y nos escandalizamos por el preciso hecho que somos extranjeros. Me pregunto ¿Cómo reaccionaríamos si estuviéramos en nuestros respectivos países y se dieran situaciones como éstas hacia los extranjeros? Quizás ni siquiera nos daríamos cuenta, quizás apoyaríamos a nuestros compatriotas y diríamos “si no les gusta estar aquí pueden regresar a sus países, nadie los obliga a quedarse”.

La realidad es que en nuestros países estas mismas cosas suceden, pero no nos damos cuenta o preferimos ignorarlas. Las cosas no son mucho mejores, la discriminación racial es evidente, el ladino hacia el indígena, el indígena hacia el ladino, el blanco hacia el negro y el negro hacia el blanco. Desde el punto de vista religioso es igual, católicos hacia protestantes, protestantes hacia católicos. Entre universidades, equipos de futbol, prácticamente la discriminación ha alcanzado todos los ámbitos de la vida. Es un cuento de nunca acabar.

Conozco a alguien que sintiéndose orgulloso de su país fue marginado por los miembros del grupo folklórico donde participaba por ser “demasiado blanco para merecer usar el traje”; se hacen chistes en base al color de piel de las personas; usamos adjetivos como gordo, flaco, peludo, pelón, gigante ó enano. Los decimos de forma tan natural que nos parece bien, sin embargo nunca nos detenemos a pensar si a la otra persona le agrada el adjetivo o es que ya simplemente se acostumbró a ello.

Si se les pregunta el motivo de su conducta, responden que los otros lo han hecho también, se culpa a los otros siempre como excusa para hacer lo mismo. En nuestra defensa caemos en hacer las mismas cosas que nos disgustan que nos hagan. Nos convertimos en la misma clase de personas que decimos detestar y lo peor, somos totalmente ciegos a ello y si alguien nos lo señala lo negamos y hasta insultamos por el atrevimiento de que nos digan que hacemos lo mismo.

Hasta en el uso de la tecnología vemos casos, conozco personas que se burlan de otras solo por preferir una marca determinada. Si se supone que estamos en la libertad de escoger lo que queremos comprar y cada uno tiene el derecho de comprar la marca que mejor prefiera.

La discriminación existe en todo país, no hay lugar que se escape de ello. No hay país ni personas perfectas. Todos somos diferentes, con cualidades y defectos. Escribiendo ésto caigo en la cuenta como primer culpable en utilizar sobrenombres, apodos o nicknames al referirme a conocidos y desconocidos, a todos ellos una disculpa que en la medida de lo posible haré llegar.

Como dijo Jesús, Amarás á tu prójimo como á ti mismo. Mateo 22:39

viernes, 14 de septiembre de 2012

La historia de cómo encontré trabajo en Taiwán

Encontrar trabajo en Taiwán es fácil, hay muchas oportunidades para extranjeros, es un país muy abierto a dar oportunidades, puedes venir y dar clases de inglés, ganar un buen salario y vivir bien. Como la mayoría de empresas buscan expandir sus operaciones en el mercado internacional, están abiertos a contratar extranjeros. Es un país donde al extranjero lo reciben con los brazos abiertos. Algo que es muy importante, es conocer la cultura, yo sé que se ha dicho que el idioma es muy importante pero considero que conocer la cultura es aún más importante, si a eso le agregas un poco del idioma vas por buen camino. Y si le agregas una buena dosis de actitud, aún mejor. Pero esta información se queda corta en contenido, Taiwán como cualquier país tiene sus particularidades que pueden gustar o no, dependiendo de cada uno de nosotros.

Hoy quiero contar la historia de cómo encontré trabajando en Taiwán. Los que me conocen podrán confirmar que al terminar la maestría mi fluidez en chino no tenía nada que envidiarle a un niño de 2 años y eso que había pasado ya dos años en Taiwán. En el mes de mayo empecé a enviar aplicaciones de trabajo, busqué en diferentes páginas de empleos (todas en inglés) pero sin obtener resultados, mi novia (que es taiwanesa) me ayudó a subir mi currículo en la página más popular para buscar empleo en Taiwán, valga la pena mencionar que la página está en chino.

Mi graduación fue en Junio y mi visa para estar en Taiwán expiraba el día martes 6 de Septiembre, así que cuando empecé la búsqueda de empleo tenía Mayo, Junio, Julio y  Agosto para lograr la meta. Cada día enviaba de 10 a 15 aplicaciones de empleo, le hacía algunos cambios pequeños de fondo y no de contenido a mi currículo para que las empresas a donde lo enviaba lo tomaran en cuenta. Obtuve respuestas, claro que si, pero las respuestas eran “Su experiencia y habilidades son extraordinarias, pero no es lo que estamos buscando en este momento, tendremos sus datos en nuestra base y lo contactaremos si hay alguna oportunidad para usted. Gracias por interesarse en nuestra empresa.”, un mensaje muy educado pero que mataba mis esperanzas día tras día.

Mi novia me motivaba a seguir enviando aplicaciones, me daba consejos de algunos cambios que pudieran hacer lucir mejor mi currículo, de explicar mejor mi experiencia y mi autobiografía. Cada día seguí aplicando y cada día similares respuestas o ninguna respuesta. Sabíamos que el tiempo iba pasando, tenía una fecha límite, martes 6 de Septiembre. Desde el inicio puse en las manos de Dios todo el proceso, cada vez que enviaba una aplicación decía “en el nombre de Dios” y presionaba ENTER para enviar la aplicación. El tiempo siguió pasando.

Llego el mes de Agosto y con él vino el sentimiento de desesperanza, de derrota, de fracaso, de miedo, el solo ver a mi novia me daba ganas de llorar sabiendo que estábamos a punto de poner medio mundo de distancia entre nosotros, trataba de poner buena cara, de hacerla reír, de hacerle ver lo mucho que la quería, pero al final ambos terminábamos llorando ante el inminente futuro, intentar la relación a distancia o terminar la relación, ambas opciones eran dolorosas. En mis oraciones le pedí a Dios que me indicara el camino a seguir, pero que no se hiciera mi voluntad sino la suya, confié que Él haría lo mejor para nosotros.

Había otro problema, ésta es la primera vez que lo hago público, no tenía el dinero suficiente para mi boleto de regreso a Guatemala. Me puse en oración y Dios puso dos ángeles que me dieron el dinero que me hacía falta con las palabras “primero ubícate en un trabajo, cuando estés estable, nos regresas el dinero”, no podía creer lo que estaba pasando, con los ojos llenos de lagrimas les di las gracias y les di mi palabra de darles el dinero en cuanto me fuera posible. Un amigo fue testigo de esto, él me acompaño ese día. Cuando dejamos a estas personas, me puse de rodillas y con lágrimas le di gracias a Dios por su provisión. Siempre le estaré agradecido a estas personas por su confianza en mi, que Dios los bendiga.

Estábamos a finales de Agosto y no había recibido ninguna oferta de trabajo. A la fecha había tenido tres entrevistas pero no hubo resultados, otra empresa canceló la entrevista debido a que buscaban a alguien que pudiera hablar chino con fluidez.

Viernes 26 de Agosto, la búsqueda había sido en toda empresa en todo Taiwán donde pudiera aplicar, no me limite a la parte norte, entiéndase Taipéi, Taoyuan y Hsinchu, como la mayoría que busca empleo en Taiwán, después de enviar más de 200 aplicaciones, de pedirle a Dios su bendición; finalmente baje los brazos, le di gracias a Dios por la oportunidad de haber pasado los últimos dos años en Taiwán, por las personas y lugares que conocí, puse en sus manos a mi novia y nuestra relación sabiendo que Él haría lo mejor para nosotros. Dispuesto a regresar a mi país a buscar empleo busqué en internet los vuelos del día martes 6 de Septiembre, el día que mi visa expiraba. Tenía solo una semana y media más por delante. Esa noche le dije a mi novia que había estado revisando una vez más la página de empleos, ya no como antes sino más bien como un reflejo, como una costumbre, recuerdo haber aplicado a unos 10 empleos esa noche.

Lunes 29 de Agosto, con mi novia decidimos pasar más tiempo juntos por lo que ese día ella estuvo a mi lado mientras yo preparaba mi currículo para enviarlo a algunas empresas en Guatemala. Un amigo, el mismo que mencione anteriormente, llegó a saludar y tomar un café con nosotros, les mostré a ambos las oportunidades de empleo que había en Guatemala y este amigo me dijo que no comprara mi boleto de regreso aún, que esperara unos días más, mi novia estuvo de acuerdo y accedí a esperar hasta el jueves. Eran las cuatro de la tarde, en cuanto tuve listo mi currículo escribí el correo y envié la primera aplicación de trabajo a Guatemala. En ese mismo momento recibí un correo de una empresa invitándome a comunicarme con ellos para concertar una entrevista, ¡era una de las empresas a las que había enviado aplicación el día viernes! ¿Recuerdan como me sentía ese día?

Les dije a mi novia y mi amigo, “¡vean este correo, me quieren entrevistar!” los tres dimos saltos de alegría y en ese mismo instante llame por teléfono a la empresa, me contestaron en inglés, les sorprendió que yo estuviera llamando tan pronto ya que solo 10 minutos antes habían enviado el correo. Concertamos la cita para el siguiente día, martes 30 de Agosto a las 10:00 am, quedaba solo una semana de tiempo.

Martes 30 de Agosto. Con los nervios respectivos a cualquier entrevista y resuelto a jugarme el todo por el todo, me encomendé a Dios agradeciendo anticipadamente por su voluntad cualquiera que fuere el resultado de ese día. La entrevista será tema de otro día. Me entrevisto la supervisora de ventas, el Gerente General no se encontraba por lo que no pude hablar con él, ante lo cual me preguntaron si  podía regresar al siguiente día. Dentro de mí sentí algo derrumbarse, tendría que regresar el día miércoles a otra entrevista y el día jueves era mi fecha limite para comprar mi boleto. Con una actuación digna de un premio Oscar, le dije que no tenía problema en regresar pero que el día jueves yo debía tomar una decisión (no le dije cual era esa decisión). Por lo que me despedí dispuesto a regresar al siguiente día por la tarde. Más tarde le comente a mi novia y a mis amigos lo sucedido, al menos todo estaba dentro del limite de tiempo para comprar el boleto.

Miércoles 31 de Agosto. Ese día tenía que entregar la habitación de la universidad donde había vivido por dos años, iba a pasar los últimos días en Taiwán con unos amigos y dormir el sofá. Llamé a uno de ellos para avisarle que ya tenía mis cosas empacadas y llegara a ayudarme a mudar ya que por la tarde iba a ir a la entrevista. Del apartamento donde él vivía a mi departamento no son más de 10 minutos caminando. En cuanto colgué el teléfono recibí un correo con el título “Welcome aboard!”, ¡era la misma empresa a donde tenia que ir a entrevista! Le pedí a un amigo que estaba cerca que leyera el correo, quería estar seguro que no estaba soñando, ¡era verdad! ¡Tenia trabajo! Me puse de rodillas y con mi rostro lleno de lágrimas le di las gracias a Dios por lo que había hecho. No fue cuando yo me sentía más seguro de lograrlo, fue cuando solo Él podía hacerlo.

Llamé a mi novia para darle la noticia, le envié copia del correo para que lo leyera. Creo que también lloro de alegría. Llamé a mi familia en Guatemala, debían pasar otros 10 meses antes que pudiera verlos nuevamente. Cuando llegó el amigo que me ayudaría a mudar, todo fue en esos 10 minutos que había entre su departamento y el mío, me dijo “¡dejemos todo tirado, vamos a celebrar!” fuimos por una hamburguesa con coca cola, hahaha

Hoy vivo en una ciudad donde la gente prefiere hablar taiwanés y no chino (y yo estudiando chino en la universidad…), muy pocas personas hablan inglés, una ciudad que en moto se pude cruzar de un lado a otro en 20 minutos. Pero todo es mucho más barato que en Taipéi, desde la renta hasta la comida. Vivo en la ciudad de Changhua y me gusta la tranquilidad del lugar. He devuelto el dinero que me prestaron. Puedo ayudar mi madre en Guatemala. Mi chino ha mejorado aunque aún me queda mucho camino por recorrer. De parte de la empresa he viajado tres veces a Latinoamérica durante este primer año, en uno de esos viajes pude ir a Guatemala y ver a mi familia, en el último viaje represente a la empresa en Brasil en una de las ferias textiles más importantes de Latinoamérica. Asisto a un estudio Bíblico en chino, un par de ocasiones he dado mis comentarios en chino, cuando no sé como decir algo, un amigo me ayuda con la traducción. Tomo clases de natación, el instructor me habla en chino y a cambio de las clases le enseño inglés, pero todo en chino. En la empresa me motivan a hablar en chino, los técnicos me explican en chino el funcionamiento de las máquinas, los compañeros de contabilidad, computación y recursos humanos también me hablan en chino, lo mejor, no se burlan de mi bajo nivel, me explican y me piden que les ayude con inglés. Créanme que solo Dios sabe cómo es que entiendo y me entienden.

Durante este año, dos empresas más me han llamado a entrevista, cuando Dios da, da en abundancia. Cuando ponemos nuestra vida en las manos de Dios, Él provee mucho más de lo que nuestras manos pueden tomar, por eso debemos compartir con otros las bendiciones de Dios. No sé lo que tenga Dios preparado para mí en el futuro, pero sigo confiando en donde quiera que me encuentre, Él estará conmigo. 

Esta es la historia de cómo encontré trabajando en Taiwán. No lo encontré, Dios me lo dió.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

¡Yo soy normal, los otros son demasiado sensibles!

Nunca le hago daño a nadie, no ofendo a nadie, no critico a los demás, no sé porque la gente me dice lo contrario, deben estar locos, son una bola de sensibles y sentimentales que no se les puede decir nada. Yo estoy bien, no veo porque debería cambiar, no es mi culpa que ellos no hayan madurado.

Muchas veces nos hemos expresado de esa forma, muchas más veces de las que recordamos. Y aunque no lo hayamos dicho con esas palabras, lo hemos expresado con nuestras actitudes, hemos herido sentimientos y destrozado algunos corazones por el tan solo hecho de hacer una pregunta, el dar una mirada, hacer un comentario o un gesto. Está bien el preguntar, ver, decir o hacer pero debemos tener cuidado de la forma que lo hacemos. Los adultos damos una mirada asesina a la persona que nos molesta, efectivamente, los ojos hablan y expresan lo que con palabras sería muy difícil de decir. Lo peor de todo es que le damos este tipo de miradas a los niños cuando nos sentimos molestos por algo que estén haciendo y los niños aprenden desde temprana edad que ese tipo de miradas significan algo malo.

Recuerdo con mucha tristeza las veces que por un simple comentario hice sentir mal a alguien, las veces que por hacer una pregunta la otra persona se sintió ofendida y prefirió retirarse para no seguir sintiéndose mal. He tenido que disculparme más de una vez por mi actitud. Y eso cuando comprendo lo que he hecho o alguien me ayuda a darme cuenta de ello, imagino que hay más ocasiones en que lo he hecho y a la fecha sigo sin saberlo.

Quizás nuestros comentarios sean reales, nuestras dudas sean reales y los gestos genuinos, sin embargo así como una canción tocada a diferente ritmo suena diferente aun siendo la misma, decimos que es alegre o triste o aburrida. De igual forma debemos aprender como y cuando expresarnos para no sonar abusivos, demasiado críticos, como si estuviéramos humillando a los demás, sin tener ese aire de “yo lo habría hecho mejor”.

No es necesario ir a la universidad para aprender esto, conozco personas de todo nivel académico con este carisma y también quienes no lo tienen. Es cuestión de personalidad, de carácter.

Pero, ¿Cómo me doy cuenta que debo cambiar? ¿Alguna vez te has expresado con frases similares a las del primer párrafo? Yo si, muchas veces. Debo ser el primero en admitirlo. Cuando la gente prefiere alejarse de nosotros, cuando no nos es fácil hacer nuevas amistades, cuando decimos frases como “yo estoy bien, no necesito cambiar”, entonces hay una gran posibilidad que algo esté mal en nosotros. Solo venciendo nuestro propio orgullo podremos cambiar, claro que para eso debemos primero tener el deseo de cambiar.

No seremos perfectos, siempre cometeremos errores. Es una lucha diaria contra nosotros mismos.

lunes, 10 de septiembre de 2012

La risa de niño

Cuando somos niños reímos con mayor frecuencia que cuando somos adultos. O quizás tengamos ahora mas excusas para no reír.

Recuerdo que a esa edad reía cuando estaba alegre, como cosa normal; pero también no podía dejar de sonreír o trataba de ahogar la risa cuando quería guardar un secreto; al ver a mi mamá a la distancia quería disimular que no la había visto para sorprenderla al acercarme, pero no podía dejar de sonreír y esto me delataba siempre. ¡Reíamos hasta cuando estábamos nerviosos!

Una de las memorias que me vienen a la mente es de mis sobrinos una vez que queríamos junto con mi hermano, sorprender a su mamá. Nosotros como buenos adultos ni siquiera sonreímos y mantuvimos un semblante de lo más serio que pareciera que estábamos peleando. Sin embargo mis sobrinos (que por cierto son 3), no podían contener la sonrisa, se frotaban nerviosamente las manos, no dejaban de intercambiarse miradas entre ellos además de vernos a nosotros y su mamá, esperando que ella no se diera cuenta de nada. Lo cual, claro está dejo la sorpresa más anunciada que la navidad.

Con mi hermano nos molestamos con los niños por haber arruinado la sorpresa y les dijimos que no habían podido estar serios dos minutos, ellos por su parte nos dijeron que estaban serios, que no habían hecho nada, es decir, que toda esa reacción fue algo tan natural e involuntario que no se dieron cuenta de ello.

Al ver en retrospectiva, me doy cuenta que esa sonrisa de niño tan inocente y dulce fue lo mejor de la sorpresa. Tanto así que hasta el día de hoy no recuerdo cual era la famosa sorpresa, pero no olvido esas sonrisas y nerviosismos de mis sobrinos. Es parte de los tesoros que guardo en mi memoria.

¿Cuándo perdimos la capacidad de sonreír como niños? ¿Cuál habrá sido el preciso momento que cambiamos? ¿Cuál fue el detonante que nos cambió? De adultos perdemos esa inocencia, muchos ya no ríen con la frecuencia que lo hacían antes. Todo bajo la excusa “no puedo andar riendo como loco ¿verdad?”, otros dicen “el reír mucho provoca arrugas”, algunos más “ahora soy adulto, no soy niño”. Hemos inventado tanta excusa para no sonreír que a veces llegamos a olvidar como hacerlo.

Por varios años olvidé lo que era sonreír o reír. Me decían que por la seriedad que aparentaba me veía de mayor edad y eso me agradaba, creía que esa era la forma correcta de comportarme. ¡Cuán equivocado estaba!

A la edad de 16 años, una profesora (a quien siempre le estaré agradecido por este sencillo pero gran consejo) me llamo a su oficina y me preguntó si yo tenía algún problema y que ella me podía escuchar si no había nadie a quién yo se lo quisiera contar. ¡Mi sorpresa fue enorme! Le dije que me sentía bien y que no tenía nada, no entendía su comentario. Ella amablemente me dijo y no lo olvido “debes sonreír más seguido, disfruta de tu vida”, ese comentario me dejo frío y no supe como responder, le di las gracias por el consejo y regresé a mi clase. Mis compañeros me preguntaron lo sucedido y cuando les conté tampoco entendieron, se supone que yo era normal, pensaba yo.

Al llegar a casa le conté a mi mamá lo sucedido y ella me dijo que efectivamente no sonreía mucho, era un adolescente normal, hacía bromas y contaba chistes, pero mi personalidad era muy “seria”, debía sonreír más, el aparentar ser mayor no siempre es bueno, “disfruta tu edad, el reír no es símbolo de inmadurez”, dijo ella.

Si bien es cierto, pasaron muchas cosas en mi vida que me empujaron a comportarme de esa manera, también es cierto que es cuestión de actitud la forma en que encaramos las situaciones. No importa la situación, somos nosotros los que decidimos como esto afectará nuestra personalidad.

Aunque muchas veces debo actuar con seriedad, siempre trato de mantener una sonrisa lista para ser utilizada en cualquier momento, para compartirla inclusive conmigo mismo. ¿Qué me saldrán líneas en el rostro por reírme tanto? No me importa, prefiero ser un viejo arrugado pero feliz. Hay quien me ha dicho, no sabe de que se ríe el grupo pero al escucharme reír se le antoja reír también; gracias a Dios que se contagia de risa y no de tristeza.

¿Qué me dan ganas de llorar a veces? Claro que si, sigo siendo humano. Cada día es una batalla contra la tristeza, contra la desesperanza, contra la amargura de los malos recuerdos. Pero la diferencia es que confío en Dios que su gozo está en mi corazón y me dará victoria cada día. Sigo contando chistes, haciendo bromas, riendo y sonriendo.

No dejes de sonreír y la risa vendrá por añadidura.
 

sábado, 8 de septiembre de 2012

Locuras. De las metas a largo plazo y el esfuerzo necesario (2)

Tenemos la ligera tendencia de llamar locura a toda conducta diferente a la normalmente aceptada, al igual que llamamos loco a todo aquel que hace lo que consideramos imposible, sin sentido, sin provecho, contra toda la razón. Sin embargo si miramos la historia vemos que los personajes que contribuyeron al desarrollo de la humanidad fueron “locos” que se atrevieron a hacer las cosas de diferente forma o a hacer cosas diferentes que los demás no han hecho y que no harían.

Una vez un amigo me preguntó que lectura me había impactado más que me haya hecho plantearme nuevas y mayores metas, salir del status quo. Mi respuesta fue sencilla “La Biblia, pero si te parece que esto es muy religioso, lee Juan Salvador Gaviota de Richard Bach”. Para el que le interese, no es un libro muy extenso y lo leerán en un par de horas a lo sumo.

Juan tenía una meta, él ya sabía volar, pero quería realizar algo más que solo volar, quería hacer acrobacias y volar mucho más alto. Quería aprender a hacer cosas nuevas utilizando los fundamentos que ya tenía. Esto lo llevo incluso al exilio de la bandada, donde tuvo que aprender nuevas técnicas de vuelo. Así que también aprendió nuevas cosas.
¿Qué cosas hemos hecho que nos consideraron locos y al final tuvimos razón?
Quisiera compartir algo personal, entré a la universidad siendo muy joven, a los pocos años abandoné la universidad con dos años de cursos ganados. Durante 10 largos años de ausencia me dediqué a trabajar, tiempo durante al cual gracias a Dios, logré dar el pago inicial de mi casa. Mis amigos me decían “compra un auto, compra un auto”, a lo que siempre respondía “no tengo donde parquearlo, ¿para que quiero un auto si del parqueo más cercano a mi casa debo caminar 15 minutos?”. Mi sabio padre siempre me decía “muchos tienen auto pero pocos tienen casa”, también decía “tienen autos bonitos pero en las casas están mal amuebladas”. Hoy tengo una casa y gracias a Dios está bien amueblada, mi padre siempre tuvo buen gusto por los muebles y el espacio que ocupan, mi casa no es muy grande pero tampoco luce amontonada de muebles, no puedo dejar de pensar en mi casa sin pensar en la comodidad que se siente en ella.

¿Otra locura? Regresé a la universidad después de 10 años, con un trabajo de tiempo completo y estudiando solo de noche la carrera de Ingeniería; desde el principio sabía que los 3 años que me hacían falta para terminar los cursos me iban a costar de 5 a 6 años… fueron 6, era de 36 años al terminar el último curso. En la actividad de celebración de la facultad yo era el más viejo o uno de los más viejos, rodeados de jovencitos de 24 a 28 años habíamos unos pocos mayores de 33 años. ¿Cuál fue la actividad? Bueno, consistía en que al momento de iniciar una canción en específico (la canción de batalla de la universidad) y los juegos artificiales (ametralladora en Guatemala) debíamos saltar a una pileta de una profundidad tal que el agua nos llegaba al cuello, éramos más de 100 entre hombres y mujeres.

El trabajo de graduación o tesis me llevo otro año. En Guatemala debemos pasar un examen para poder graduarnos, consiste en que tres ingenieros nos hacen preguntas de cualquier tema relacionado con la carrera, el examen puede ser con los tres ingenieros al mismo tiempo o por separado, usualmente es por separado de acuerdo a sus respectivas agendas. Estudiar para éste examen me llevo otro año. Cuando finalmente obtuve el título de Ingeniero, era yo de 38 años.

Hubo alguien que me dijo que yo iba a graduarme por satisfacción personal porque a mi edad y recién graduado no dejaría el trabajo donde estaba, en donde tenía 15 años de laborar, que haría lo mismo.

Para no hacer muy larga esta historia y poder hablar más sobre esto en otra ocasión, solo diré que hoy tengo 41 años, hace un año fue mi graduación de Maestría en Administración de Negocios, la cual la estudié en Taiwán, en idioma inglés (¿mencioné que estudié inglés cuando tenía 37 años?). Aunque  no hablo chino con fluidez, me defiendo un poco. Tengo un año de trabajar en Taiwán y por ser el único que habla español, soy el responsable de ventas para toda Latino América y he ido en viaje de negocios tres veces este año. Tengo una novia muy linda (Taiwanesa) con quien tenemos planes de iniciar una familia.

¿Loco? Si, me han llamado loco tantas veces que he perdido la cuenta. Pero ahora puedo detenerme un poco, ver hacía atrás y preguntarme ¿Quién era el loco?  Como Juan Salvador Gaviota, en el proceso he conocido a otros locos como yo, he dejado atrás muchas cosas pero el premio ha sido más que satisfactorio.

Hoy tengo nuevas metas, nuevos sueños, nuevas ilusiones. Más locuras.
¿Te han llamado loco por soñar muy alto?

miércoles, 5 de septiembre de 2012

De las metas a largo plazo y el esfuerzo necesario

Siempre hemos escuchado acerca de proponerse metas, ya sea económicas, profesionales, escolares, deportivas o de cualquier tipo. Recuerdo a mucha gente mencionar esos temas desde que era yo un niño y de eso hace ya mucho tiempo. Nos decían de lo bien que nos sentiríamos cuando alcanzáramos las metas, de esos sentimientos de orgullo, de satisfacción, de alta autoestima; lo malo es que nadie nos decía de lo mucho que tendríamos que luchar por ello, de las cosas a las que debíamos renunciar, del tiempo que debíamos invertir, de todos esos sacrificios que en verdad no estábamos dispuestos a hacer y que de haber sabido que era tan difícil hubiéramos renunciado desde el primer instante. Es como si nos hubieran estafado de lo más fácil con palabras bonitas. Sin embargo si en vez de renunciar, seguíamos adelante, aprendiendo de cada paso dado y reconociendo pequeños logros que por muy pequeños que fueran al colocarlos todos juntos significaban un salto muy grande de donde estábamos al inicio, entonces empezábamos a entender el verdadero significado de la meta, del trabajo y del esfuerzo.

Quizás esto suene mucho a historieta cómica o parezca sacado de una película, así que lo trataré de poner en una perspectiva que pueda entenderse mejor.

Crecí en un lugar y una época libre del internet, dejo esto para que los de esa generación lo entiendan aunque suene a la edad de las cavernas para los más jóvenes. Regresando a la historia, como todo niño cada vez que veía un árbol, pensaba en la oportunidad de escalarlo, veía una escalera y quería subir por ella, veía una colina y pensaba en como sería la vista de ese lugar tan alto, para un niño una altura de 1 metro es una montaña, veía una bicicleta y me imaginaba a toda velocidad sobre ella aunque en ese momento no supiera como conducir una.

Cuando íbamos de paseo, ya cansado de caminar hacia la famosa pregunta “¿ya vamos a llegar?” o “¿falta mucho? Estoy cansado”, sin embargo cuando al final llegábamos a nuestro destino, era como si por arte de magia se me olvidaba el cansancio y empezaba a correr a caminar a jugar futbol con los demás del grupo y explorar todo el lugar, lleno de nueva energía . ¿Les suena conocido esto?

Cuando aprendí a conducir en bicicleta lo hice sin guantes, casco, rodillera, coderas y todas esas protecciones que conocemos hoy, recuerdo aún, pero ahora con una sonrisa y no con dolor, las tantas veces que choque con el posteado eléctrico, con autos que estaban parqueados, contra la pared, de las caídas, raspones y golpes. Después de una acumulación de experiencias gratas y no gratas, logré conducir bicicleta, no faltó un par de veces que fui al trabajo en bicicleta recorriendo más de dos horas desde mi casa al trabajo, conduciendo por la ciudad enfrentándome al tráfico.

De esta habilidad puedo mencionar la satisfacción que sentimos cuando empezamos a hacer escaladas en bicicleta, vemos una pendiente y aunque tenga solamente 100 o 200 metros de largo, nos parece como si fuera una gran montaña. La primera vez que lo intentamos no alcanzamos la mitad de la pendiente, ¿pero acaso nos damos por vencidos? ¡Claro que no! Seguimos intentándolo una y otra vez, sentimos que las piernas están a punto de explotar, nuestras manos parecieran que quieren arrancar el timón, vamos sudando como una fuente de agua, vemos el final de la pendiente y pensamos que estamos tan cerca, que falta poco y cuando nos empiezan a fallar las fuerzas, recurrimos a la legendaria estrategia de conducir en zigzag, cuando alcanzamos la cima, cuando damos ese último empujón sobre el pedal, pasamos de dar todo lo que tenemos en ese último esfuerzo a de pronto pedalear sin ningún esfuerzo en la cima de la pendiente, en la cima de la colina, experimentamos una sensación de satisfacción que miramos hacia abajo de la pendiente y pensamos que valió la pena el esfuerzo, nuestra respiración se relaja y disfrutamos de la vista dese la cima.

Valió la pena el caerse muchas veces al aprender a manejar, valió la pena el seguir manejando, valió la pena el intentar alcanzar la cima sin lograrlo porque cada vez fue un entrenamiento y cada vez llegamos un poco más alto que la anterior, valió la pena, ¡SI!. Pero y ahora que alcancé la cima ¿Qué? Desde ese punto vemos otras cimas más altas a nuestros alrededores y no me dejaran mentir, nos propusimos la meta de subirlas también.

Muchas veces hemos olvidado ese niño que no se dió por vencido hasta alcanzar la cima de la colina y lo hemos reemplazado por un adulto que al menor problema abandona la lucha. Nunca dejemos de proponernos metas, a corto, mediano o largo plazo, cuando luchamos por ellas nos convertimos en mejores personas y aprendemos cosas de nosotros mismos que no sabíamos que éramos capaces de hacer.

En otra ocasión escribiré mas de este tema.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Tiempo de llegadas y despedidas en Taiwán

Es una época en que nuevas personas llegan a Taiwán mientras otras ya han regresado o están regresando a sus países en estos días. Tiempos de bienvenidas y despedidas. El seguir en contacto con todos es una tarea cuando menos imposible, en lugar de las charlas y el respectivo café de por medio, lo cambiamos por darnos un paseo de vez en cuando por el perfil de Facebook de ellos para saber como están y donde han estado.

Haciendo un recuento de experiencias propias y ajenas en estas fechas, podemos vernos reflejados en las personas que están llegando. Entre los muchos motivos de venir a Taiwán encontramos el de estudiar arduamente, dar lo mejor, obtener un título con honores; terminar la carrera en el tiempo normal o de ser posible terminar antes de tiempo para regresar a sus hogares y buscar empleo; otros vienen aventurando sin una meta planeada; se dan casos de los que aprovechan la oportunidad de una beca en el extranjero como la perfecta excusa de obtener la tan anhelada visa Estadounidense.

Para nadie es fácil dejar el hogar, ir a un país extranjero y literalmente al otro lado del mundo. Pero todos venimos con la firme intención de pasarla bien, de disfrutar de una experiencia única, de conocer y aprender de otras culturas, de conocer a más compatriotas que han tomado la misma decisión que nosotros y aprender de ellos, de escuchar sus experiencias y algún día poder contar las nuestras a otros.

Cualquiera que sea la motivación, ninguno está libre que la experiencia que está por iniciar le cambie la perspectiva durante los próximos años. Aún recuerdo cuando familiares y amigos me preguntaban con una sonrisa un tanto desconfiada ¿vas a regresar?, a lo cual mi respuesta siempre fue “no lo sé, pero si puedo… no regreso, ya Dios dirá que tiene para mi”.

Todos hemos dejado algo o renunciado a algo con tal de venir a estas tierras. En mi caso, renuncié a la empresa donde había trabajado por los últimos 15 años, a mis padres ya retirados, incluso una o dos oportunidades de empleo.

A todo el que busque estudiar o trabajar en un país extranjero me gustaría poder decirle que debe tener una mente abierta, liberarse de prejuicios sociales, de raza, de credo, de deportes o políticos, no creer que su país sea mejor que los demás porque no es que sea mejor sino que solamente es diferente.

Tampoco es de creer que Taiwán es el mejor lugar del mundo, claro que tiene sus ventajas y desventajas como cualquier país; en todo lugar encontrarás personas amables y buenas pero también personas egoístas y de malas intenciones, eso no depende de la cultura, es la naturaleza humana. El que Taiwán sea el lugar donde tendremos nuestro nuevo hogar lejos del hogar, depende en gran medida de nosotros y no tanto de los demás.

Al final nos convertimos en ciudadanos del mundo, vivamos y dejemos vivir.
 

sábado, 1 de septiembre de 2012

El saber hablar

Si pudiera escribir todo lo que pienso… sería un peligro, sería una bendición, sería impropio, sería ofensivo, sería vulgar, sería sentimental… sería yo mismo. No se puede escribir sin dejar plasmado algo de lo que somos, así como nuestra forma de hablar, de pronunciar y entonar las palabras, la forma de escribir, de escoger las palabras y el sentido de los párrafos, deja ver algo de nosotros mismos. Claro que el escritor y el orador siempre esconden algo a sus lectores y oyentes, ya que al hacerlo para un público debemos conducirnos de acuerdo al mensaje que queremos dar.

Hoy me gusta hablar en público, no es un don que tenga por naturaleza, sino algo que se fue afinando con la práctica. Me ha gustado hacer el papel de loco que al hablar al frente de las personas hace énfasis en las emociones propias y ajenas, utilizando el lenguaje corporal o mímica para resaltar o minimizar el sentido de las palabras. Me gusta hablar con ejemplos, a veces algunos parecen ridículos e infantiles, pero creo que es la mejor forma de hacerme entender. Si pregunto cuantos han hecho algo vergonzoso, me pongo como el primero en decir que lo hice o que estuve a punto de hacerlo, para que los oyentes no lo vean como una vergüenza sino como participes de las travesuras que hemos hecho.

He visto como ciertos oradores utilizan un lenguaje muy elevado en sus presentaciones, algunos lo hacen inconscientemente y otros conscientemente. Los que lo hacen conscientemente les llamo personas que tienen tan poca autoestima y débil personalidad que necesitan que otros los vean como personas que saben mucho y quieren dar esa imagen utilizando palabras que hasta en el diccionario serían difíciles de hallar. Los otros, los que lo hacen inconscientemente, lo hacen porque aún están el proceso de afinar la habilidad de hablar en público. Recuerdo que una vez mi pastor vino a escucharme en un grupo de estudio Bíblico y al terminar la reunión me dijo “estás utilizando un vocabulario muy elevado, debes bajarte de nivel para que la gente sienta el mensaje”, por un momento me pregunte de que me hablaba, según yo estaba hablando de forma normal. Fue entonces que empecé a preguntar a ciertas personas que confiaba me dirían la verdad y para mi sorpresa me dijeron que era cierto.

Cuando empecé a dar clases a niños en la iglesia, me di cuenta que si quería que ellos me entendieran tenía que romper la barrera de la edad y hablar en un lenguaje mucho más sencillo. Inicié mi etapa de maestro de niños a la edad de 17 años, siempre trabajé con la de edad de 9 a 11 años, como una forma de motivación no les decía niños sino jóvenes y señoritas. Dio resultado. Durante 20 años, con algunos años de descanso a intervalos, me desarrolle como maestro en la iglesia. Esta etapa de mi vida me ha dejado muchas satisfacciones, aunque también algunos recuerdos no tan gratos, no por los alumnos, sino de mi mismo, de mis fallos como maestro.

Debo confesar que algunas veces me gustaría regresar a ser maestro nuevamente y seguir hablando con jovencitos de esa edad, pero me doy cuenta no hay muchos maestros de iglesia de mi edad trabajando con la clase de 9 a 11 años de edad. Ahora tengo otro reto por delante y es el de escribir mis ideas, no es tarea fácil, especialmente para alguien como yo que nunca le ha gustado escribir, es una nueva etapa que esta iniciando y que empiezo a disfrutar….

Educación formal y encontrar empleo

La educación formal, llamada escuela o universidad, no garantizan un empleo de ninguna forma. Aún recuerdo los consejos de personas que me decían que con un título de educación secundaria obtendría un buen empleo (en Guatemala al terminar la secundaría ya salimos con un título, de maestro, perito contador, secretariado, dibujo técnico, publicista, en computación u otros), cuando estaba por terminar el bachillerato escuché el consejo de que con un título de universidad conseguiría un buen empleo, cerca de terminar de la universidad escuché algo similar sobre maestrías y doctorados.

Sin embargo es notorio que muchas veces las personas encargadas de impartirnos esa educación que nos garantizará un empleo exitoso en una empresa, tienen poco o nada de experiencia laboral, son personas que al obtener el tan codicioso título cambiaron de estudiante a catedrático en solo un par de meses. Claro que no hablo de los cursos generales como matemática ó idioma, hablo de cursos profesionales donde se supone que aprenderemos los fundamentos de como resolver problemas en la vida real cuando estemos trabajando en alguna empresa. ¿Qué pueden enseñar estas personas si no es a resolver ejercicios de los libros si no es que solamente resuelven en clase los ejemplos ya resueltos del libro? Algunos de ellos argumentan que trabajan a tiempo completo en una empresa y después del trabajo van a dar clases. No es valido. ¿Cómo piensas formar a los futuros profesionales cuando ellos mismos son principiantes con la urgente necesidad de alguien que los guíe?

Hoy en día vemos muchos profesionales llenando cuanta solicitud de empleo puedan, porque para eso nos “educaron” en la universidad, a buscar empleo. No nos enseñan a crear fuentes de empleo, entiéndase a formar una empresa, somos mano de obra altamente calificada pero no somos creadores de empresas altamente calificados. Estudiamos cursos de administración de empresas, de recursos humanos, de administración de proyectos pero no tenemos cursos que nos enseñen a como formar una empresa. Los pocos cursos relacionados con ello solo enseñan los formularios que debemos llenar y los pasos legales a seguir, pero no estudiamos las ventajas de crear una empresa o los compromisos que adquirimos al crear una.

Siempre pensamos “ese trabajo es bien pagado” pero no pensamos “el dueño de esa empresa ha de ganar mucho dinero para poder pagar eso a sus empleados”. Por un momento pensemos en cualquier jugar de futbol famoso, o de cualquier otro deporte, ¿Cuánto gana al año esa persona? Ahora pensemos ¿Cuánto gana la persona que le extiende ese cheque a ese jugador?

Necesitamos aprender a como descubrir necesidades que puedan llevarnos a crear una empresa, como formar una empresa, como convertirla en algo rentable. ¿Será que eso lo podemos aprender de alguien que no tiene experiencia laboral?

No es suficiente que el catedrático tenga una colección de títulos que se vean muy bien en su currículo o que se vean muy bonitos colgados en la pared. Al final esos maestros solo enseñaran a leer y escribir en el lenguaje del libro. Para poder crear debemos aprender de alguien que sea un creador. No le pediré a alguien que nunca en su vida ha conducido un auto que me enseñe a conducir, sería arriesgar mi vida.

No digo que la educación universitaria no sirva, al contrario, es una herramienta, pero la educación universitaria es solo eso, educación. Lo demás depende de cada uno de nosotros.

Tomar decisiones

La mayoría de las personas creen que todo los que les pasa es por “voluntad de Dios”. Ya sea un éxito, un fracaso, algo bueno o algo malo, tendemos a calificar todo como voluntad de Dios. Estoy consciente que Dios quiere que siempre tengamos éxito y seamos bendecidos, ya que provee las herramientas y las situaciones donde podemos desarrollarnos, a veces esas situaciones son para enseñarnos que algo debemos cambiar, es decir, nuestra actitud pasando por las etapas de nuestro hablar, hacer, pensar.

Cuando debemos realizar cambios en nuestro carácter nos encontramos con situaciones en que debemos tomar una decisión. ¿Por qué debo tomar una decisión para cambiar mi carácter? Porque cuando tomamos una decisión estamos dando a conocer nuestros valores, somos alguien que busca el bien común, el bien de los demás sobre el mío propio, el de pasar sobre otras personas con tal de conseguir la meta, los medios que usaré para obtener el resultado. No digo que una decisión sea mejor que otra, solo que damos a conocer nuestra personalidad cuando tomamos decisiones.

Ahora me pregunto, si como resultado de tomar una decisión me veo en una situación de fracaso, de humillación, de un accidente… ¿será que esa fue la voluntad de Dios o fue resultado de haber tomado una decisión de acuerdo a MI voluntad y no en base a SU voluntad? Recordemos que Dios nos puso en la situación de decidir, para mostrar nuestra verdadera personalidad. Si nuestra decisión hubiese sido diferente, de acuerdo a SU voluntad, no estaríamos enfrentando estas situaciones.

Cuando reconocemos que no podemos más, al llegar a ese estado de humillación personal de admitir nuestra propia impotencia e ignorancia ante la situación, cuando nuestro orgullo se ve tirado por los suelos hecho pedazos, debemos nuevamente tomar otra decisión; seguir cavando en el suelo para hacer un agujero más profundo o buscar ayuda. El buscar ayuda también será otra decisión importante, hay que saber donde buscar. El primer y más sabio consejero es Dios mismo, ahora también es cierto que Dios envía personas para que nos ayuden y nos den consejos, cuando buscamos consejos (el pedir consejo de la persona adecuada es otra decisión que debe ser tomada con cuidado), es cuando empezamos a cambiar nuestra personalidad, ya no basada en nuestra perspectiva solamente.

En lo personal muchas veces he tenido que enfrentar las consecuencias de mis decisiones, he vuelto a cometer los mismos errores una y otra vez, somos tercos por naturaleza prueba de ellos es la negación de que lo somos. He tenido fracasos económicos, de relaciones personales, laborales, de asociación y muchos otros. De todos ellos tengo memorias y no guardo rencores, con los años he aprendido a ver que no fue culpa de otros sino mía propia.

Hoy enfrento nuevos retos, nuevas decisiones, mi naturaleza humana me llevará a cometer nuevos errores de los cuales debo seguir aprendiendo porque el aprendizaje nunca termina. ¿De que sirve vivir aprendiendo si nunca se termina el aprendizaje? La respuesta es sencilla, para poder compartir con otros así como otros compartieron con nosotros sus sabios consejos. De nada sirve acumular conocimiento si no se comparte. El conocimiento no se desgasta por mucho compartirlo, al contrario, se enriquece.

Ha sido un camino nada fácil y sé que debo tomar más decisiones en mi vida, mayores a las anteriores y con mucho más riesgo también. Hoy le agradezco a Dios que me dio la oportunidad de levantarme cada vez que caí al suelo, cuando lo busqué no escondió su rostro sino que me tendió la mano y con un abrazo me levantó

Estas y otras cosas seguiré compartiendo más adelante, no pretendo ser alguien que lo sepa todo, solamente alguien que disfruta el seguir aprendiendo y compartiendo lo poco que sé. Cuanto más sé, me doy cuenta que no se nada.